La economía argentina cerró el segundo trimestre de 2025 con señales de enfriamiento tras un primer semestre de fuerte rebote. El EMAE acumuló un crecimiento de 6,2% interanual en el semestre, aunque las caídas de mayo y junio dejaron un arrastre de 4% para el año. A nivel sectorial, la intermediación financiera lideró el dinamismo (+28,7% i. a.), mientras que industria, comercio y construcción acompañaron con subas cercanas al 8%.
En el frente externo, agosto mostró un incremento de US$1.120 millones en las reservas internacionales brutas, explicado por desembolsos de organismos internacionales y operaciones con el FMI, lo que permitió una mejora de US$922 millones en las reservas netas. Sin embargo, la demanda de divisas para atesoramiento se mantiene elevada, presionando sobre la acumulación de activos.
Desde lo fiscal, julio arrojó un superávit primario de $1,7 billones (1,6% del PBI), sostenido por la reducción real de subsidios (-26,6%i.a.) y el crecimiento de las prestaciones sociales (+5,6%i.a.). El pago de intereses de deuda en moneda dura revirtió el resultado financiero a un déficit de $0,2 billones.
En materia monetaria, la política siguió un sesgo contractivo, con mayores requerimientos de liquidez a los bancos y licitaciones adicionales del Tesoro. La base monetaria amplia cerró agosto en $56,5 billones, aún por debajo del tope programado. Aun así, los préstamos al sector privado mostraron un débil repunte (+0,8% real desestacionalizado). La inflación de julio se ubicó en 1,9% mensual, con núcleo en 1,5%, el registro más bajo desde 2018 fuera del período de pandemia. El promedio móvil trimestral de la inflación subyacente perforó el 2%, señalando una desinflación sostenida en el margen.
Por último, el acuerdo con el FMI continúa en curso: el resultado primario acumulado alcanzó $9,4 billones a julio, a sólo $1,4 billones de la meta anual, mientras que la acumulación de reservas enfrenta mayores desafíos de cara a fin de año en un contexto de volatilidad electoral.
